En "la otra parte del mar de Galilea o de Tiberiades" (Juan 6, 1-15) Jesús repartió alegría, panes y peces, a los que estaban siguiéndole y también "en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba" (Mateo 3, 13-17) Jesús recibió el agua no como nosotros -que purifica, que redime- solamente para hacerse humano, siendo Dios e Hijo amado de Dios mismo y en quien su propia Voz paternal resumió: "me complazco". Es El Misterio. La otra orilla es El Misterio, la voluntad de Dios por mostrarse humano a los que solamente tratamos de serlo, fracaso tras fracaso, y para poder sujetarnos y soportarnos en una imagen, a una visión asequible a nuestra pobreza intelectual: Dios como nosotros.
Es un ir y venir, no parar, para satisfacer la necesidad del conocimiento del otro lado y de los que no nos comparten, a los que no entendemos. La otra orilla es tránsito en nuestra vida y meta en nuestra muerte física.
He pensado muchas veces en la otra parte, en la otra orilla y en la travesía imposible de rehacer por la deriva y el abatimiento. En las fuerzas necesarias para remar certeramente. Y he pensado muchas veces en el acierto o error de la elección de la nave en la que embarca uno:
como la palabra dicha, el hecho realizado, y que finalmente te deposita en el naufragio o en una playa de luz e imposible aflicción. No como metáfora, como navegante de mi propio irrecuperable viaje. Te obliga la naturaleza, te obliga lo más profundo de ti.
Es un ir y venir, no parar, para satisfacer la necesidad del conocimiento del otro lado y de los que no nos comparten, a los que no entendemos. La otra orilla es tránsito en nuestra vida y meta en nuestra muerte física.
He pensado muchas veces en la otra parte, en la otra orilla y en la travesía imposible de rehacer por la deriva y el abatimiento. En las fuerzas necesarias para remar certeramente. Y he pensado muchas veces en el acierto o error de la elección de la nave en la que embarca uno:
como la palabra dicha, el hecho realizado, y que finalmente te deposita en el naufragio o en una playa de luz e imposible aflicción. No como metáfora, como navegante de mi propio irrecuperable viaje. Te obliga la naturaleza, te obliga lo más profundo de ti.